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Sunday, 18 May 2008

Food, Music, Food, Music, Food, Music, Food, Music, Ad Infinitum...


Garlic Prawns

This is a Nigel Slater's recipe which I first saw in one of The Observer's Food Monthly supplements.

Serves 12 (or more depending on how many prawns you put out)

Ingredients:

Large live prawns, shell on - 48-64
Garlic - 5 or 6 large cloves
Olive oil
Butter - 200 g approximately
Lemons - 4

Rinse the prawns and put them in a bowl. Peel and finely crush the garlic and then add it to the prawns with a slug of olive oil. Toss the prawns to cover them in seasoned oil.

Cook them under a preheated grill until their shells have turned a brilliant orange pink. Meanwhile, melt the butter in a small pan. Serve the hot prawns with the lemon, salt and the melted butter.
As in with my first recipe, Cat's Crumbs (Migas de Gato), this can be served as a snack, a starter, or a light meal, especially when you have a few friends around. And because you will get your hands mucky (all that tearing of shells and dipping in butter is as messy as it gets, isn't it?), try to have a good and long playlist ready. Remember, handling CDs with greasy hands is a no-no. Go for music that packs up a few punches. So, my suggestions for this week are:
Copyright 2008

Wednesday, 30 January 2008

Dame La Maleta Que Me Voy Pa'l Campo/Que Me Voy/Que Me Voy Pa'l Campo (Presto)


Esta contribución no es más que una continuación de lo que empezó en el blog de Yvette. Hasta ahora he visto las de Algodar, ivis, GeNeRaCiOn AsErE y otras. Este es mi granito de arena para un símbolo que significa mucho para todos nosotros, cubanos.
También es la primera vez que escribo en español en mi blog. Espero que no sea la última.
En el año 1989 mientras que las tropas cubanas empezaban la lenta retirada de Angola, el Partido Comunista de Polonia legalizaba “Solidaridad” y George W. Bush se convertía en presidente de los Estados Unidos yo me encontraba en una guagua con dirección a Consolación del Sur en mi segunda etapa al campo. Ajeno estaba yo a los acontecimientos mas allá de las fronteras de mi país aunque por mediación de las cartas que me mandara mi primo, quien estaba estacionado en Luanda, ya me había enterado de que el alto mando cubano estaba a punto de traer a las tropas. Mis pensamientos en aquellos tiempos eran los típicos de un adolescente de 17 años: pruebas de ingreso a la universidad, las cuales habían sido introducidas durante el curso anterior, la ruptura con mi novia, lo cual se solucionó rápidamente al llegar al campamento afortunadamente (adquiriendo otra nueva claro está) y el incipiente pero constante temor de que el futuro que me habían vendido desde chama no era el que se avecinaba en el horizonte. Dentro de aquella guagua, mis juveniles primaveras reflexionaban y pensaban. En el campamento II Congreso de Consolación del Sur, mi maleta me esperaba.

Vale hacer un aparte en este punto de la narración. La razón por la que era solamente mi segunda etapa al campo fue por una enfermedad que arribó cuando apenas tenía cinco años y no me dejó en paz por otros diez aproximadamente. Primero fue una úlcera estomacal que se fue convirtiendo poco a poco en una gastritis crónica a causa de la cual estuve en un entra y sale del antiguo Infantil (Pedro Borrás) que me aprendí de memoria los muñequitos que tenían en las paredes.

En séptimo grado y cursando estudios en la ESBU Jose Martí de Centro Habana, tuve que decirle que no por razones médicas a lo que eran en aquel entonces solamente treinta días en el campo. El reemplazo fue la antigua ACDAM donde mi madre trabajaba y aún trabaja, antiguamente situada en Línea y G (la ACDAM, no mi madre). Fue allí que por primera vez di con Tolstoy y su “Guerra y la Paz” y Dostoyevsky y su “Crimen y Castigo”.

Pero me desvío, y es que cuando el asunto es de dar muela, no hay quien me gane. Fue en onceno grado que pude finalmente disfrutar los placeres de la etapa al campo en Pinar del Río. Me acompañaba una maleta de madera, de color crema claro, aunque por haber cambiado tanto de manos tenía las bisagras medio “cachicambiá’”. Era espaciosa y tenía ese olor característico de la madera seca y lisa. Yo deslizaba mis manos por su estructura rectangular y cual judío o musulmán parado frente al mar Rojo pensaba en la libertad que estaba a punto de abrirse frente a mí.

Ya en duodécimo grado y aunque con un grado de cinismo todavia mínimo pero perceptible a consecuencia del famoso incidente de la “baranda” en el Saúl Delgado, mi maleta y yo nos encontramos en el campamento II Congreso en Consolación del Sur. Ella primero que yo. La llevaban en unos camiones grandísimos amontonadas con el resto de sus compañeras y entre los baches y las “tirazones” se le habían salido ya un par de clavos cuando nos vimos de nuevo.

Y así empezamos aquella vivencia que era más una subsistencia. El de pie a las 6, el desayuno a las 7, en el ínterin un “lavaíto” a lo cobarde con temperaturas entre los 10 y 12 grados. Después de la leche caliente y quemada a montarse en los camiones y partir para los surcos.

Mientras que la labor principal que me tocó desempeñar en undécimo grado fue la de recoger cítricos, la situación cambió radicalmente cuando llegué al decimosegundo grado. Aquí si que había meterle al tabaco de verdad. Las muchachas fueron para la casa de tabaco enseguida a ensartar hojas mientras que los varones nos quedamos con los habituales. El jefe de brigada tenía que decidir si íbamos a entrar a las 8 o a las 10 al surco. La diferencia era: entrar a las 8 significaba que todo el rocío de la noche le caía a uno en el cuerpo y lo dejaba como a un pollo moja’o, mientras que entrar más tarde cuando el sol estaba rajando las piedras quería decir que toda la baba del tabaco se le pegaba a uno en las manos manchándolas. Idenay, el jefe de brigada decidió dividir el grupo en dos y de una forma muy democrática dijo que cada día un grupo iba a entrar a una hora y el otro a otra, y así nos íbamos a turnar. Yo de una forma muy anárquica me largué para la casa de tabaco con David, Beny, José y Duhamel y mientras los demás hacían como que trabajaban, nosotros hacíamos como que majaseábamos. Por supuesto nosotros ganamos en nuestra representación porque fuimos más creíbles.

La vida en el campamento era normal. Lo primero que hacía cada varón era instalarse con una jevita que le resolviera todo lo de la lavadera, y después irse a satear al bailable por la noche mientras que su compañera se quedaba con el bulto (y perdonadme todos los lectores, pero ya yo no abogo por esa discriminación que para eso plancho, cocino y hago de todo en la casa). Mi maleta me sirvió de almohada ya que yo no había llevado ninguna y como fuente de instrumento de percusion cada vez que ponían ‘We Will Rock You’ de Queen en el estéreo del campamento. Como el yunta mío, Beny, dormía en la litera de abajo, Idenay en la de al lado (conveniencia de tener al jefe de brigada como el socio de uno) y David y el Jose al otro, el núcleo del piquete mío se concentraba en mi litera.

Un día mientras mi nuca acariciaba una vez mas la estructura de pinotea detrás de mi (y de verdad que hay cariños que matan, como dice el dicho), y mientras reposaba el almuerzo, la música que salía por la bocinas del campamento paró por un instante tan sólo para darle paso a las cuerdas de una guitarra acústica y una voz que me hizo dispararme para arriba en mi litera y abrir bien las guatacas. Poco podía entender lo que decía el cantante pero si estaba al tanto de que sus palabras eran en inglés. Lo único que si pude entender fue una frase que nunca he olvidado desde entonces: ‘Emancipate yourself from mental slavery/none but ourselves can free our minds’. Una vez que la canción hubo terminado corrí a donde estaba el “DJ”y le pregunté quien era. El se encogió de hombros y me dio la caja del cassette que tenía en la grabadora. Era Iron Maiden, pero para mi era muy bien claro que Bruce Dickinson no era la persona quien me había cautivado unos momentos antes. No fue hasta un año después en el antiguo ISPLE, que mi socio Ihosvanni me introdujo a la obra de Bob Marley. Ihosvanni tenía ‘dreadlocks’ y le encantaba la misma música que me gustaba a mi. Pero fue Marley el que nos hizo trabar una amistad duradera que ha perdurado hasta ahora que él vive en Canadá con su esposa y su hija, después de haber morado en Argentina por más de diez años. ¿Y su firma electrónica es? ‘Emancipate yourself from mental slavery/none but ourselves can free our minds’.

La maleta de campo mía estuvo presente en una de las etapas más interesantes de mi vida. De un lado estaba aprendiendo el valor de las amistades, del otro fue una de las primeras ocasiones en las que me tropecé con el racismo benévolo que padecían muchos negros como yo en Cuba, a los cuales, como a mi, nos "subían" de categoría cuando hablábamos "fino" y demostrábamos conocer de otros asuntos que no fueran la santería y la salsa, en mi caso, fueron las culturas griega y romana. Fue testigo mudo mi maleta de mis intentos de ser más sofisticados en mis acercamientos a las féminas mucho antes de que la primera escena de “El Lado Oscuro del Corazón” se convirtiera en la frase bona fide para todos aquellos que queríamos impresionar al sexo opuesto (”Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias. Pero eso sí, -y en esto soy irreductible-, no les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar, si no saben volar pierden el tiempo conmigo”). Por aquellos tiempos todavía Neruda y sus “Puedo escribir los versos más tristes de esta noche” todavía eran la frase salvadora de muchos adolescentes como yo. Aunque si la situación se mostraba desesperada yo le metía mano al viejo José José con aquello de que “casi todos sabemos querer, pero poco sabemos amar”. Mi maleta también presenció las charlas, tertulias y conferencias del viejo Alfredo, un profesor de inglés que causó una gran impresión en mí y en mis compañeros, a pesar del rumor de que el tipo era “cundango”. Yo me apoyaba de codos en la ocamba maleta mientras que el Matusalén del Saúl Delgado debatía a Fouchet y Goethe. Mi maleta se quedó solitaria muchas veces mientras nosotros nos desgañitábamos a gritos afuera en el sereno de la noche entonando canciones de Charly, Fito, Baglietto, Pablo, Silvio y Santiaguito. Y tambien presenciamos la primera vez que se cantaron aquellas estrofas que poco más tarde saldrían al aire en el programa "Hoy" de Radio Ciudad de La Habana: "Negra no pares, sabes lo que quiero/soy Athanai soy un blanco rapero/mi raza eres tú, deja todo atrás/anda, llévame al séptimo cielo". Fue también mi maleta testigo de aquella noche en que alguien grito: “¡Caballistas!” y yo me tiré y aterricé en un par de botas que pensé que eran las mías y corrí a refugiarme en las letrinas. Cuando volvía al albergue después de que nos dimos cuenta de que era una falsa alarma caí en que las botas no eran mías, sino del Beny (él usaba un pie menor que yo) y tenían dentro los restos de los huesos de pollo que, incluyéndome a mí, le habíamos dejado todo el piquete, una cortesía de todos nosotros que queríamos gastarle a una broma a mi compadre. Cazador cazado. Mi maleta conoció de o se imaginó duchas desoladas, excepto por los mirones que queríamos ver de cerca el funcionamiento de la anatomía femenina. Mi maleta fue el almacén del mejor fanguito que se hiciera por aquellos lares, y el cual, si los yanquis se hubieran enterado, hubieran patentado para darle a las tropas que dos años después se encontraron en el desierto iraquí combatiendo contra las huestes de Sadam Hussein. Con ese fanguito en la barriga los gringos no hubieran parado hasta Tokío. Por estar en una posición mas elevada salvé a mi maleta en varias ocasiones del peso descomunal de aquellos desconsiderados que depositaban sus glúteos sin pensarlo dos veces en dondequiera que les entraba el deseo de sentarse. Yo fui uno de ellos. En otras maletas.

Mi maleta no sobrevivió aquel año. No sé si la hicimos leña y la botamos en la basura cuando regresé del campo (muy probable) o se la di a alguien más, prolongando así la cadena del pasa-pasa (muy poco probable). Mi maleta, por tanto, en aquel año 1989 nunca se enteró de que el Ayatollah de Irán había decretado un fatwa contra Salman Rushdie (yo tampoco a propósito hasta unos años después), de que casi cientos de fans del Liverpool habían muerto en el desastre de Hillsborough, se perdió el discurso de Fidel en el Congreso de la FMC donde mencionó el período especial por primera vez, no se enteró de las protestas en la Plaza de Tiananmen (ni nosotros tampoco hasta mucho después) de los estudiantes chinos y mucho menos disfrutó el espectáculo de los miles, sino cientos de miles de alemanes derrumbando el Muro de Berlín. Mi maleta no asistió al triste espectáculo del desquebrajamiento de la sociedad cubana, la ruptura del nucleo familiar, la prostitución de miles de sus hijos e hijas, la corrupción gubernamental que se acrecentó en los 90 y el 5 de agosto del 94.

Si no hubiera sido por este blog y por la oportunidad que me ha brindado Yvette, jamás hubiera pensado que en esas tardes quietas de escuela al campo una amiga, cuya amistad pasiva hasta ese momento ni siquiera sospechaba, se hubiera convertido en receptora de tan inolvidables momentos.

Y en el nombre mío y de millones de cubanos que te han tenido y te tienen aun por confidente le digo a mi vieja maleta de la escuela al campo: Gracias.

Copyright 2007

Wednesday, 23 January 2008

Road Songs (Marche Nuptiale)

Spousal Road Song: (n) 1 A brief composition aimed mainly at being played in a vehicle in the company of your beloved, on an open, usually public way for the passage of other vehicles, people and animals. 2 A melodious utterance selected beforehand by your consort and you that serves as a companion on short, medium and long trips on such a public way.

And there you have it. As we say in Cuba, not even hot chocolate, Spanish-style, could be clearer. Amongst the many elements of the relationship I enjoy with my wife and that bind us together, music is one of those that really stands out. We have similar musical tastes and this makes for plenty of joyful moments together in our car. We both like seeking out new music and as the following videos will attest, the range of compositions we listen to, is wide and varied.

Copyright 2007

Friday, 16 November 2007

Happy Birthday my Grand Dame (Allegro Moderato)

Excuse me, please, hey, you, the 488-year-old lady sitting at the front, please! Yes, you! Would you be so kind so as to come on stage, please? There, let me give you a hand, I know, I know, it's the years, isn't it? Please, this way, yes, centre stage, that's it. Now, let me shine a light on you. Yes, a light, you heard me right. You deserve that light, you deserve to be centre stage. You deserve so much more.

You see, you and I have travelled together. But me being the much younger sibling, I've learnt more than I thought by being together with you, you and I, entwined at the hip for 26 years. And now I would like you to relate to me, to us, to this audience, your experience in this almost 500-year jaunt.


I would like you to narrate to us how you felt about the move from Cuba's southwest coast up to the west of your now renowned bay, the one our Mother Goddess, Yemaya, bathes in all its glory. Was it the mosquitoes that did not let you sleep? Or was it the swamps? I would like to know who planted the first ceiba tree around which it became a tradition to walk three times on your birthday's eve.

And you don't mind me writing to you in English, do you? After all this language is not alien to you. You withstood the siege by the British in 1762 fiercely and heroically, only to be betrayed by the Spaniards at the eleventh hour. We even got a song out of the conflict dedicated to the Guanabacoa Mayor, Don José Antonio Gómez, otherwise known as Pepe Antonio, the only one who challenged the European invaders with poorly armed troops and no military support from the incumbent Spanish government. Under the rule of the Brits you prospered economically, albeit on the back of thousands, if not hundreds of thousands of Africans brought to our country under the most appalling and inhumane conditions ever. And yet, where would we be without their influence? Where would we be without their rhythms, dances and languages? As our National Poet, Nicolás Guillén said:

Yoruba soy,
lloro en yoruba lucumí.
Como soy un yoruba de Cuba,
quiero que hasta Cuba suba mi llanto yoruba;
que suba el alegre llanto yoruba
que sale de mí.
Yoruba soy,
cantando voy,
llorando estoy,
y cuando no soy yoruba,
soy congo, mandinga, carabalí.
Atiendan amigos, mi son, que empieza así:
Adivinanza de la esperanza:
lo mío es tuyo
lo tuyo es mío;
toda la sangre
formando un río.
La ceiba ceiba con su penacho;
el padre padre con su muchacho;
la jicotea en su carapacho.
¡Que rompa el son caliente,
y que lo baile la gente,
pecho con pecho,
vaso con vaso,
y agua con agua con aguardiente!
Yoruba soy, soy lucumí,
mandinga, congo, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que sigue así:
Estamos juntos desde muy lejos,
jóvenes, viejos,negros y blancos,
todo mezclado;
uno mandando y otro mandado,
todo mezclado;
San Berenito y otro mandado,
todo mezclado;
negros y blancos desde muy lejos,
todo mezclado;
Santa María y uno mandado,
todo mezclado;
todo mezclado, Santa María,
San Berenito, todo mezclado,
todo mezclado, San Berenito,
San Berenito, Santa María,
Santa María, San Berenito
todo mezclado!
Yoruba soy, soy lucumí,
mandinga, congo, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que acaba así:
Salga el mulato,
suelte el zapato,
díganle al blanco que no se va:
de aquí no hay nadie que se separe;
mire y no pare,
oiga y no pare,
beba y no pare,
viva y no pare,
que el son de todos no va a parar!


In recent years I've heard people, who've visited you, complain about the noise, the dust and the collapsing buildings. Sometimes, though, and call me a hopelessly romantic fool, we need the scratching sound of an old record to appreciate its value. Your imperfections make you human. You remind me of that line in Dulce María Loynaz' poem 'Ultimos Días de una Casa' where the author states:

La Casa, soy la Casa,
más que piedra y vallado,
más que sombra y que tierra,
más que techo y muro,
porque todo eso soy, y soy con alma.

You, my dear old Havana, are like that. I cannot articulate your cracks, potholes and fissures. They have a language of their own. It's the language of unshaven quality. It's what makes the migrant long for your touch, it's what makes the current denizen create anthems that will be sung by future generations across the world whereever your progeny has been dispersed to.

Because, my beautiful dame, you have witnessed the exodus of some of your more doting sons and daughters. Never has a song sounded more truthfully than when it claims that 'if my eyes ever deserted you/if life banished me to another place on this Earth/I swear to you that I'll die of love and angst wanting to walk your streets, your parks and places.'

Personally, you gave me so much. You gave me a sense of safety and comfort when I was still a teeny weenie child roaming your streets, playing baseball or hide and seek, or 'it', or knocking on doors and running away. You gave me 'Playita 16', the most imperfect and dysfunctional beach there can ever be, and yet, so inviting. You gave me parties in faraway places to which I went behind my mother's back. Luyanó, Santiago de las Vegas, Santos Suárez, Santa Amalia, Siboney, names that are forever enmeshed with my own flesh. One day I will have the same creases and crumples on my face as you have now. Let's hope I can bear them the same way you do yours.

You went from being the 'Key to the Gulf' to being 'one of the dirtiest cities in the Americas'. Why? We're the only ones to blame. We could not look after you. We let you down. We're like the teenagers who leave home only to return after a few years and litter it carelessly. You have not been protected.

But still, you persevere. I walked down your streets earlier this year, now with my wife and kids. And you welcomed them, too. We saw some of the blemishes, though. Those 'Night Flowers', sung to by our very own Silvio Rodríguez, still populate your famous roads, Fifth Avenue, 23rd Street, Malecón.

Ah, Malecón! Has there ever been a wall so loved? Emperor Hadrian would be jealous. The Chinese don't know what to do with theirs and the Germans got rid of their own partition. And you're still there, my little old friend, where so many revellers wind up, where dreams are splashed by sea water mixed with the oil from the ships entering the bay. So many songs we sang on your cold surface, so many nights on which we sat by your littoral and warmed your stones, so many early mornings that found us hoarse and voiceless, but satisfied and optimistic.

Happy Birthday my Grand Dame! I hope someday to walk three times around your big ceiba tree again, maybe this time with my wife and our very own offspring. I hope to be part of your Latin American Film Festival again, wander up and down 23rd Avenue, going from the Yara cinema to the Chaplin, and from there to the Riviera, before ending up at La Rampa, in the knowledge that my intellect has been challenged and that you contributed to its enrichment.

Above all, I hope that you're still there, confident, beautiful and welcoming.

From your doting Habanero Son.

Copyright 2007

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